La niña mariposa

mariposa

Como cada mañana antes de ir al cole, Cristina observa como su madre, con sumo cuidado, le termina de vendar las manos y las rodillas.

Aunque acaba de cumplir cinco años, sabe que ella no es rara sino que padece una enfermedad rara; es una niña mariposa. Su piel es tan frágil como las alas de este colorido insecto y al mínimo roce, se le forman las molestas ampollas que hay que curar y proteger a diario.

A veces, la cosa se complica, porque las ampollas se forman en las plantas de los pies y no puede ni andar. Entonces, su padre la viste con esa preciosa camisa azul que lleva cosidas unas alas rosas llenas de purpurina y, sujetándola con las manos abiertas y planas sobre la barriga para no herirla, la hace volar por toda la habitación, mientras le dice que es la mariposa más bonita del mundo.

Cristina está sentada en el jardín, observando ensimismada como liban las mariposas entre las flores. Apenas ha probado bocado durante la comida. Le cuesta tragar por las úlceras que se le forman también en el esófago, con el paso de los alimentos sólidos. Su madre se le acerca con un vaso de zumo adornado con una pajita y le dice, liba tú también, mi niña mariposa.

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