El deporte ayuda en la recuperación del cáncer

“Durante mucho tiempo se ha aconsejado reposar y apenas moverse para paliar la fatiga, un síntoma muy prevalente en el cáncer y, sin embargo, es todo lo contrario”, explica Alejandro Lucía, médico e investigador en Fisiología del Ejercicio por la Universidad Europea de Madrid. “Hacer ejercicio durante el tratamiento ayuda a tolerarlo mejor”.

Según este experto, considerado una eminencia en el estudio sobre el deporte y el cáncer infantil, “la quimio, la cirugía y la radio afectan al conjunto de órganos esenciales para movernos: al corazón, que bombea la sangre oxigenada; al pulmón, que la oxigena y a los músculos, que pierden fuerza”. El resultado: fatiga y debilidad muscular, dos síntomas propios del tratamiento oncológico que lejos de desaparecer con descanso, se perpetúan en el tiempo y, de hecho, en ocasiones pueden persistir años.

Al contrario que el reposo, el ejercicio sí tiene los principios activos necesarios para contrarrestar esta condición física debilitada y así lo han ido demostrando todos y cada uno de los estudios que van engrosando la literatura científica en esta materia en los últimos 25 años. La población infantil no es una excepción. Tras un programa de entrenamiento físico (basado en ejercicios de fuerza y aeróbicos) instalado en el Hospital Infantil Universitario Niño Jesús de Madrid y dirigido a pequeños con leucemia durante el tratamiento, se comprobó “un significativo aumento de fuerza muscular y mejor condición física; la respuesta del corazón y los pulmones era superior”.

Incrementa tus defensas

Todo suma. El entrenamiento físico se convierte en un aliado para paliar los efectos secundarios de los tratamientos oncológicos (fatiga, pérdida de fuerza muscular), mejora el estado de ánimo y la motivación, ayuda a mitigar el insomnio, la ansiedad y el miedo, a recuperar un peso saludable, potencia el funcionamiento cardiaco y pulmonar y también tiene un efecto positivo en el sistema inmune.

Hacer ejercicio en la fase de tratamiento quimioterápico “no sólo no perjudicaba como se creía, sino que algunas poblaciones celulares mejoraban”, argumenta Carmen Fuiza, experta en Biomedicina que forma parte del equipo de investigación de la Universidad Europea de Madrid. Por ejemplo, “hemos visto que las células Natural Killer (NK), encargadas de destruir las cancerígenas, aumentan en número y actividad en los pacientes sometidos al programa de gimnasia, tenían mejor capacidad citotóxica, es decir, su sistema inmune está mejor preparado para enfrentarse y atacar al tumor”. Por lo tanto, “el deporte suma beneficios a la acción del fármaco”. Además, disminuye los efectos nocivos de la neutropenia, el bajo nivel de neutrófilos, un tipo de glóbulos blancos, cuya carencia puede acarrear infecciones graves.

En palabras de Irene Cantarero, fisioterapeuta e investigadora del grupo Cuídate de la Universidad de Granada, “el ejercicio controlado reduce sustancias relacionadas con el ambiente inflamatorio, disminuye el daño producido por el estrés oxidativo y también hay estudios que apuntan su repercusión en la expresión génica”.

Fuente: Laura Tardon, El Mundo

Imagen: Rima Kruciene

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